Viernes, Enero 20, 2017
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Innovación o fiasco: la economía global después de Internet



Por 
Sebastián Campanario - Para La Nación.com

Ni economistas ni especialistas en tecnología ni analistas de otro tipo. El debate por el aporte de Internet y de la innovación en general al crecimiento económico viene tan complejo y repleto de escenarios alternativos que el gremio que gana protagonismo en la discusión es uno insospechado: el de los ajedrecistas. Garry Kasparov, ex campeón mundial del juego ciencia, tiró la última piedra: afirma que desde la década del 70 el ritmo de innovación se desaceleró en forma dramática y que ese fenómeno está detrás del estancamiento y de las menores tasas de crecimiento de la economía mundial en los últimos cinco años. Kenneth Rogoff, profesor de Harvard y ex economista jefe del FMI, le dijo a Kasparov que está equivocado, y que las causas de la crisis de crecimiento hay que buscarlas por el lado del mercado de crédito. Antes de dedicarse a la economía, Rogoff fue un niño prodigio del ajedrez, llegó a salir tercero en un campeonato mundial juvenil y es en la actualidad el economista con ELO (la escala de puntaje más popular en el ajedrez) más alto. Dejando de lado al ex archirrival de Kasparov, Anatoly Karpov, que también es economista, aunque nunca ejerció.

La polémica se nutre con otros jugadores apasionados. Los académicos de Singularity University (que pasaron por Buenos Aires un mes atrás, invitados por el gobierno porteño) defienden una hipótesis de crecimiento exponencial en los avances de la ciencia (con Internet como uno de sus catalizadores) que, bien aprovechados, servirán pronto para curar enfermedades y resolver problemas a gran escala. Tyler Cowen, un economista de moda, autor del muy exitoso blog Marginal Revolution -que coordina junto a su colega Alex Tabarrok-, argumenta en su más reciente libro El fin del promedio que la velocidad de innovación crecerá, pero no traerá un futuro necesariamente promisorio.

Cowen cree que las nuevas tecnologías en el mediano plazo terminarán con el estancamiento: el problema es que lo harán en forma muy desigual, para unos pocos, y el resto de la población se hallará en problemas.

"En el mediano plazo, son los incrementos en la productividad los que hacen que la economía crezca y mejore el estándar de vida", dijo Cowen a LA NACION, en un intercambio de e-mails durante la semana. El académico apuesta a que emergerá una clase "hiperproductiva", de 15% de la población, que será más rica que nunca: aquellos que mejor se adapten y aprovechen la robótica y las nuevas tecnologías.

Luego habrá empleos menos calificados, pero los cargos intermedios tenderán a desaparecer, reemplazados por inteligencia artificial. Cowen sospecha que algo de esto ya está ocurriendo: la destrucción de puestos de trabajo que produjo la crisis de 2008 en la economía norteamericana se recuperó en parte con la creación de empleos mal remunerados.

"Muchas empresas se dieron cuenta que estos cargos intermedios producían cero valor agregado, y no los están reemplazando", cuenta Cowen, un fanático de la Argentina, de los conciertos de la pianista Marta Argerich y de los libros de Alan Pauls y Cesar Aira.

El club de los tecnoescépticos al que se unió en forma reciente Kasparov, tiene como cardenal supremo al profesor de economía de la Universidad de Northwestern Robert Gordon, quien cree que "el tema central es que las computadoras y la explosión de Internet no les llegan ni a los talones, en términos de impacto económico, a los grandes inventos de fines del siglo XlX y principios del siglo XX".

La difusión de redes cloacales urbanas cambió radicalmente la vida hogareña y la salud cien años atrás, pero una Internet más potente sólo ayuda a bajar películas en forma más rápida, exagera Gordon. En palabras de Robert Solow, Nobel de Economía: "Uno puede ver computadoras por todos lados, menos en las estadísticas de productividad".

COMPARACIÓN CON OTROS HITOS

Kasparov opina en la misma línea. Sostiene que las innovaciones tecnológicas actuales palidecen cuando se las compara con avances anteriores como la electricidad, el agua corriente o el motor de combustión interna. En un debate reciente en la Universidad de Oxford, el ex campeón mundial de ajedrez, enemigo declarado del premier ruso Vladimir Putin, se preguntó qué valor agregado a nuestras capacidades suman verdaderamente productos como el iPhone 5 y explicó que la mayor parte de la ciencia que subyace a la informática moderna fue definida en la década de 1970.

 

"Algunos progresos genuinos en tecnología en los últimos 30 años esconden el estancamiento relativo en sectores de energía, transporte, exploración espacial, ciencia de materiales, salud y agricultura. Podemos usar un teléfono para mandar fotos de gatitos mientras viajamos en un subte de 100 años, pero la mayor parte del ambiente que nos rodea no es muy distinto al que había en la década del 60. Nuestra habilidad para hacer cosas básicas, como protegernos de terremotos o de huracanes, viajar más rápido o extender nuestros años de vida está apenas aumentando", dice Kasparov.